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Los cuervos también viven en la oscuridad.

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Los cuervos también viven en la oscuridad.

Mensaje por Aoi Uchiha el Sáb Jul 23, 2016 2:50 am

Si había algo que caracterizaba al Uchiha era su escaso apego emocional a cualquier lugar en el cual estuviese por largos períodos de tiempo, ni siquiera Crocus o Magnolia entraban en esa categoría. Aún así, y a pesar de todo, existía una excepción... Por mucho tiempo que pasase, el monte Hakobe y sus alrededores seguirían siendo considerados su verdadero hogar. De modo que una ligera sonrisa tomó lugar en sus labios cuando vio que dicho poblado envió una solicitud al gremio y no dudó nada en tomarla. Dicha misión no era nada complicada, simplemente trataba de hacerse cargo con respecto a unos cuantos ladrones.

— Haremos esta, Tengu. — le habló a su compañero alado mientras ponía el cartel con todos los detalles frente al anciano Dreyer, quien tomó nota de la misión, para poder partir cuanto antes pues realmente estaba entusiasmado por volver después de tantos años a su lugar de origen. La sonrisa en sus labios indicaba cuan importante sería ese acontecimiento.

— Estoy de acuerdo, camarada, tengo mucha curiosidad por saber como es tu antigua aldea. — aleteó sobre la cabeza del peliazul, gesto que tenía para demostrar la ansiedad o preocupación, dependiendo de los sentimientos del Uchiha, pues nadie sabía del vínculo especial que tenían desde que el peliazul era apenas un adolescente... ni siquiera la madre de Aoi.

Tras preparar algunos objetos, aprovechando que sus hijos estaban pasando una temporada en Crocus, el peliazul y su compañero emprendieron el vuelo. En momentos como ese Karasu agradecía que el cuervo pudiera cambiar de tamaño a voluntad, de lo contrario habría tenido que pagar por el transporte y eso no era de su agrado. Preferiría mil veces gastar en los caprichos de su primogénita, y eso podía ser considerado una especie de tortura.

Alrededor de tres horas más tarde llegó al destino indicado en el cartel de la misión, de modo que se dirigió para hablar con los pobladores del lugar en busca de más información sobre los ladrones. Para su sorpresa, y también desagrado, se trataban de magos miembros de un gremio oscuro quienes habían estado saqueando las casas y asesinando a los pocos que oponían resistencia. Sin cruzar más palabras con el alcalde se introdujo solo en el bosque nevado, pues su mejor amigo decidió quedarse para proteger el pueblo en caso de ser atacados.

— Magos oscuros, ¿uh? Eso complica más éste trabajo, sólo espero que la recompensa justifique la dificultad. — pensó en tanto avanzaba por el sendero lleno de nieve, pues ya había sido capaz de ubicar el escondite de los magos con ayuda de su Byakugan. No obstante nada le preparó para el escenario que su ojo visible pudo contemplar, dentro de aquella cueva se podían ver señales inequívocas de una masacre. Y a juzgar por la textura de la sangre, así como la temperatura corporal de los cadáveres, fue capaz de asegurarse que no llevaban mucho tiempo fallecidos.

— Esto no es normal, ¿quién pudo haber hecho algo así? — gruñó ligeramente fastidiado, no tanto por ver a esos magos muertos pues aquello ya era una costumbre para él, si no porque le habían privado de derrotarlos para entregarlos a las autoridades y cobrar el dinero de la recompensa. Soltó un breve suspiro pues ya no tenía caso regresar al pueblo y re-equipó una de sus pistolas mágicas para disparar una bala de luz al cielo. Era la señal indicada entre él y Tengu en caso de no cumplir con el objetivo de la misión. Mientras esperaba cerró sus ojos para relajarse, no obstante la tranquilidad duró muy poco y de inmediato re-equipó dos espadas gemelas al tiempo que veía a un inesperado acompañante cerca de unos metros.

— ¿Quién eres tú? — cuestionó sin bajar la guardia pues sus instintos humanos indicaban peligro con respecto a esa persona, había algo que no le gustaba nada al peliazul.


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Re: Los cuervos también viven en la oscuridad.

Mensaje por Mard Geer el Lun Jul 25, 2016 3:08 am

Ya hacía varios días que el gremio oscuro Tártaros había puesto en marcha una operación que consistía en reclutar más hombres para su ejército, y eliminar a quienes no les eran útiles y se convirtieran en posibles estorbos. Comenzaron con los gremios oscuros de bajo nivel que estaban bajo su mando, y luego continuaron con los demás, importándoles muy poco si eran subordinados suyos o de los otros dos gremios que en algún momento formaron parte de la “Alianza Balam” junto con ellos, Oración Seis y Grimoire Heart, después de todo, la alianza prácticamente se desintegró en el momento en que sólo Tártaros quedó en pie.

Dicha tarea era llevaba a cabo por varios de los demonios de los libros de Zeref, con la intención de acelerar las cosas, ya que, aunque en su mayoría fueran débiles, los gremios oscuros eran bastantes en cantidad, incluso el mismo Mard Geer solía salir de vez en cuando para hacerlo y poder controlar mejor como iba evolucionando su proyecto; de paso también podía poner a prueba a los magos personalmente y sacar sus propias conclusiones con respecto a ellos, aunque casi siempre su conclusión no era nada positiva.

El procedimiento era sencillo, ya que sólo los magos que tuvieran el poder suficiente como para seguir fortaleciéndose serían los elegidos para formar parte de su ejército, los demás sólo eran basura. Para esto, era necesario poner a prueba la fuerza de los humanos, y aunque la maldición de Kyouka era perfecta para eso, los demás demonios también podrían hacerlo mediante una batalla que, obviamente, los pobres magos no podrían ganar. Ya luego cada demonio decidiría quién servía y quién no.

Eso era justamente lo que Mard Geer se encontraba haciendo, esta vez, poniendo a prueba a un pequeño gremio oscuro que se hacía llamar subordinado suyo pero que sólo se dedicaban a robar, algo que ante los ojos del demonio era lamentable. Peor fue su decepción cuando llegó el momento de ver sus habilidades, su magia era tan débil que resultaba fácil de esquivar, incluso el pelinegro pensó que si se dejaba golpear sentiría cosquillas. Por esta razón no necesitó mucho tiempo para decidir el destino de los hombres.

Patético —susurró con tranquilidad; se trataba de simples humanos, no podía esperar algo realmente bueno de ellos, ahora entendía por qué sólo se dedicaban a intimidar otros humanos más débiles. Con su decisión ya tomada, el Rey del Inframundo extendió su brazo derecho hacía un lado, formando un puño con su mano pero manteniendo extendidos su dedo medio e índice, y de esta manera, trazó en el aire varios movimientos con su mano—. Ibara.

Lo que pasó después de que aquella palabra resonara en el interior de la cueva, fue algo que ninguno de los magos se esperó. De la nada, un sin número de espinas comenzaron a emerger de todas partes, tanto del suelo como de las paredes rocosas del lugar, moviéndose a una velocidad que fue imposible de esquivar para los hombres que terminaron siendo atravesados sin compasión por cada una de las espinas.

Ante tal espectáculo, los labios del Etherias se curvaron en una gran sonrisa mientras permanecía inmóvil, tomándose el tiempo de admirar como su maldición les arrebataba la vida a los humanos frente a él, como si aquello fuera lo más divertido del mundo, cosa que no era del todo errónea; el demonio mentiría si dijera que no le era placentero deshacerse de insectos como ellos, aunque no fuera su actividad favorita. A Mard Geer no le gustaba desperdiciar su tiempo con seres tan inferiores, pero en cuanto a eliminarlos se tratara, el pelinegro podía ser bastante cruel, algunos de sus compañeros daban fe de eso.

Ahora, la cueva estaba adornada con sangre y cadáveres, algo que casi hace sentir orgulloso al azabache. Ya no tenía nada que hacer ahí, por lo que dio la media vuelta y se retiró del lugar. No fue hasta que ya se había alejado unos cuantos metros, que sintió una nueva presencia llegar no muy lejos de él, ¿sería un miembro de aquel gremio que justo se había ausentado? Por un momento quiso averiguarlo, aunque no deseaba perder más tiempo del necesario con una persona que probablemente tendría el mismo nivel que los que ya había asesinado sin mucho esfuerzo, pero para su sorpresa, aquel invitado inesperado lo había notado a él y ya se encontraba en guardia exigiéndole respuestas, cosa que al Etherias le resultó bastante interesante.

Mard Geer —respondió con aquel tono despreocupado de siempre, sin inmutarse ante las armas que su contrario había liberado—, el Rey del Inframundo.

Hizo una pausa sólo para desviar su mirada en dirección a la cueva que había abandonado momentos atrás. Supuso que el hombre frente a él ya vio lo que había en su interior y no pudo evitar sonreír nuevamente ante el recuerdo de su “obra de arte”.

¿Y tú eres…? —preguntó, regresando su mirada hacía el contrario— ¿Qué es lo que quieres?




ESTE ES EL MUNDO AL OTRO LADO DE LA PUERTA AL INFRAMUNDO







—Yare yare~ ¿por qué Mard Geer tendría que estar tan cerca de una humana?

Xerxes no estuvo aquí~:
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Mard Geer
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